El antes y el después en medicina estética: privacidad frente a likes
Actualizado: 1 sept
Soy muy consciente de que es difícil estar en este mundo sin publicar fotografías del antes y el después.
De hecho, si entras en nuestro perfil, encontrarás varias. Son pacientes que, de forma generosísima, han aceptado compartir sus resultados. Y quiero pensar que lo han hecho desde la absoluta libertad, la confianza y el cariño.
Porque mostrar cómo trabajamos también pasa por enseñar nuestro trabajo.
Pero tengo que confesarte algo: muchas veces me cuesta muchísimo preguntar.
Tengo delante a una persona que acaba de contarme algo que le preocupa. Una mancha, una arruga, una zona de su cuerpo con la que no termina de sentirse cómoda… Y, justo en ese momento de vulnerabilidad, tengo que plantearle si estaría dispuesta a mostrarlo públicamente.
Aunque sea sin enseñar el rostro.
Aunque nadie pueda reconocerla.
Aunque me diga que no le importa.
Muchas veces acabo prefiriendo no hacerlo.
No me gusta poner a nadie en una situación que no le haría pasar a mi hermana o a una amiga.
Y eso me obliga a preguntarme constantemente dónde está el límite entre enseñar nuestro trabajo y convertir las inseguridades de alguien en contenido.
Porque, además —y esto lo pienso de verdad—, ya eran guapísimas antes.
El tratamiento no convierte a nadie en una persona más válida, más bonita o más merecedora de ser mirada. Simplemente puede ayudarla a sentirse mejor, si eso es lo que desea.
Creo que podemos inspirar confianza sin exponer cada historia.
Podemos explicar cómo trabajamos, hablar de resultados reales y compartir nuestra forma de entender la estética sin necesitar que todas las pacientes demuestren públicamente que han pasado por nuestras manos.
Este es uno de los dilemas que me acompaña desde que abrió Atexá: cómo comunicar lo que hacemos sin olvidar nunca a la persona que hay detrás de cada tratamiento.
Y es que, aunque no se lo crean —o aunque a veces pueda parecer pose—, es difícil amar tanto un mundo que también tiene tantas partes oscuras.
Un mundo que puede hacernos sentir que necesitamos arreglarnos constantemente. Que convierte los complejos en publicidad y la vulnerabilidad en una oportunidad para sumar likes.
Yo no quiero contribuir a eso.
Seguramente no siempre lo haré perfecto. Seguiré dudando y aprendiendo, como hasta ahora.
Pero tengo clara una cosa: ningún resultado merece que una paciente se sienta incómoda, expuesta o presionada.
Mientras tanto, seguiremos intentando poner un poquito de luz desde nuestro rinconcito en el barrio de Triana.
Aunque esa luz no siempre venga acompañada de una foto.




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